PUENTES, VIADUCTOS Y CAMINOS A NINGUNA PARTE

Un año más y justo en un momento que la crisis económica, el paro y la desconfianza de los mercados nos agitan con la fuerza de un huracán que amenza con arrastrarnos -mientras nuestros políticos se desgañitan en todos los foros intentado convencer a propios y extraños de nuestra seriedad como país- se produce uno de esos anacronismos que tan poco bien hacen a la imagen de España. Me refiero a nuestros afamados "puentes" vacacionales, y en el caso que nos ocupa, este disparate festivo que nos aparece en vísperas de Navidad y que supone la celebración en días alternos de nuestra Constitución y de la Inmaculada.
Este año el calendario ha situado estas celebraciones un martes y un jueves, con lo que, de oca a oca y tiro por que me toca, los previsores trabajadores que guardan algún día libre, los funcionarios con sus utilísimos "moscosos" o cualquier hijo de vecino medianamente avispado ha conseguido encadenar, en el mejor de los casos, nueve jornadas seguidas de asueto laboral.
El problema no es de quien ha podido tomarse esos días de descanso. El problema está en un gobierno, una clase política y unos dirigentes sociales que no han puesto coto a semejante disparate productivo.
Cuando se dice que uno de los problemas estructurales de la economía española es su baja tasa de productividad, mantener este tipo de calendarios festivos supone unas pérdidas económicas de una cuantía importantísima, y reducen nuestra imagen de seriedad en el exterior y nuestra credibilidad. Pero hasta la fecha no se han tomado medidas para racionalizar las fechas y ponernos en paridad con nuestro entorno. No se trata de reducir derechos entre los trabajadores, pero si de compatibilizar estos derechos con una lógica distribución de las jornadas no laborables, trasladando las fiestas a lunes o viernes, de manera que no nos dediquemos a "construir" puentes que no nos llevarán a ninguna parte.
Sabiendo que en las últimas encuestas realizadas más del 70% de los ciudadanos apoyaría esta reforma del calendario laboral, se entiende todavía menos la desidia de nuestros dirigentes a la hora de llegar a un acuerdo e incluirlo en nuestra legislación. Así mismo, es un disparate esgrimir como razonamiento contrario a la necesidad de esta reforma los intereses del sector turístico, pues la demostración palpable de esta falacia se observa en los resultados de ocupación hotelera prevista durante esta semana, que no se espera sea mayor del 60%. Al contrario, la implantación de medidas que racionalicen las festividades llevaría consigo la homogeneización de calendarios, la posibilidad de organizar las posibles salidas con más tiempo y la oferta de paquetes especiales por parte de agencias de viajes y hosteleros susceptibles de ser adquiridas por mayor número de personas.
Como país, ganaríamos en competitividad y en credibilidad de cara al exterior, como trabajadores se podría disfrutar de manera ordenada de los días de descanso, empresarialmente se organizarían mejor las taréas y nuestro sector turístico podría realizar previsiones de venta de una manera más efectiva y con una oferta más acorde a las necesidades.
Vivimos en un mundo globalizado, y todo aquello que nos acerque a nuestro entorno, a la larga nos hace mas fuertes y mejores. Y este tipo de medidas son necesarias para garantizar una estructura que nos permita crecer, hacer frente a los momentos de recesión con mayor preparación, mejorar nuestra imagen y aumentar la confianza en nuestro sistema y promover un mejor futuro para los ciudadanos, eliminado del camino vías que, sin lugar a dudas, sólo llevan a callejones sin salida.
0 comentarios